¿Por qué los girasoles 'saben' matemáticas?
Cuenta las espirales de semillas en el centro de un girasol. Casi siempre te van a dar 34 en un sentido y 55 en el otro: dos números seguidos de la sucesión de Fibonacci (1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55…). No es casualidad: pasa también en las piñas, las piñas tropicales y los pétalos de muchas flores.
El truco está en el ángulo. Cada semilla nueva brota a unos 137,5° de la anterior —el “ángulo áureo”—. Resulta que ese ángulo exacto es el que empaca más semillas en menos espacio sin que se tapen unas a otras.
¿La planta sabe matemáticas? No. La evolución probó millones de arreglos y este ganó, porque captura más luz y mete más semilla. La matemática no la inventó el girasol: la descubrió la naturaleza, a fuerza de funcionar.
El mismo patrón aparece en huracanes y galaxias. El universo no calcula —pero una y otra vez cae en los mismos números.
Fuentes: Filotaxis y la sucesión de Fibonacci · Ángulo áureo ≈ 137,5°. ✓ Verificado a mano.
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